28 de diciembre de 2017

Cartas simuladas




En algún momento todos encuentran un pero a el trabajo, el mio no era excepción, el único gusto que le tenía era solo por pasarla en las calles a diario. Siempre creí que caminar era bueno para la salud; pretexto para no dejar de fumar mientras oxigenara los pulmones.
Además, ese regordete mal humorado que tenía por jefe me aumentaba las ganas de tomarle sabor a estar fuera, nada era mejor que andar por las calles sin tener que soportarlo todo el día en la oficina de correos.
Trazar una ruta me facilitaba la actividad y casi siempre comenzaba por las zonas alejadas, comúnmente los vecindarios dejando al final la correspondencia que era enviada a oficinas y comercios céntricos de la ciudad. Me deleitaba mirar aparadores de calzado, trajes de moda y todo aquello que se mantenía decorado detrás de los cristales, no se porque tenia gusto por los escaparates; quizá se debía a que siempre fui atraido por el diseño, no entiendo porque no estudié arquitectura o decoración.


Todo eso cambió a raíz de un sorpresivo ataque de Japón a la base de Pearl Harbor que dió inicio a la guerra del Pacífico en diciembre del 41. Recuerdo que cambié los escaparates por las primeras planas de los periódicos en el crudo invierno que me hacía mantener las gélidas manos dentro de los bolsos de mi gabardina, una bufanda envuelta sobre el rostro; recorriendo la ciudad donde el tema eran las novedades llegadas de la guerra.
A raíz de esto, muchos jóvenes comenzaron a ser enlistados en el ejército, siendo enviados a los campos de batalla y mi trabajo incremento. Cartas a todos los rincones de la ciudad, los héroes escribían a sus familias.

Por primera vez entregue una carta a esa dirección, una casa apartada dentro de aquel suburbio; me preguntaba si habitaba alguien en ella, lucia tan desolada y abandonada; quizá el numero está equivocado. No resistí la tentación de tocar, cuando lo más fácil era haberle depositado dentro del buzón.
No se que tan certero sea el destino, solo se que algo me hizo llamar a su puerta, parado frente a la entrada, estoico, curioso y con presentimiento, logre escuchar una voz no muy clara lo que me dió más incertidumbre.
Una anciana postrada en silla de ruedas con clara apariencia de descuido asomó y preguntó ¿qué deseaba?
Traigo una carta para la señora Evans, respondí. Asento con el dedo indice afirmando ser ella mientras tosia de forma crónica. 

La tomó con sus temblorosas manos, supuse que se le dificultaría rasgar el sobre; mostraba ansias por sacar aquel papel y leer sus líneas. ¿Acaso no hay alguien más con usted? Una pregunta obligada de mi parte; solo una vecina que viene por ratos a darme de comer y mis medicamentos, pero ahora no está, me contestó en un tono amable.
Hijo por favor puedes leerme, a mi edad ya es difícil ver bien y no quiero perder ni un instante más, llevo varios meses sin saber de mi vástago que partió a pelear contra los japoneses y su imperio, seguro son noticias de él.
Accedí a su petición, tembloroso de nervios abrí el sobre y tome el papel del interior; comencé a leer y tuve que contener mi emoción.
Cómo decirle a esta anciana desolada aquello que leía, era un hijo buscando el refugio y consuelo de su madre.

No fue una carta  esperanzadora y de buenas noticias, ella en su estado no debía escuchar tanto lamento, miedo y horror manifestado en letras.
Me sentí petrificado y adherido al suelo, inmovil, inseguro, más angustiado aún. ¿Pasa algo? pregunta que mi hizo reaccionar; no señora Evans, leía un poco tratando de entender la letra de su hijo.
Y le invente una carta que sonó a utopía, dentro de lo malo todo andaba bien; que paradojico, pero no tenía opción. Una vez adentrado en el papel le leí esa carta, aquella que le hubiese escrito a mi propia madre; tan llena de amor y disculpas por esos momentos fallidos que todos los hijos tenemos, finalizando con un pronto estaré de vuelta y pasaremos grandes días en casa.

Me tomo de la mano y lo agradeció diciendo haber quedado tranquila y contenta por esas líneas que su hijo dedicara desde tan lejos. Tome el papel y lo doble de la forma más pequeña metiendolo al fondo del sobre, digamos que a manera que no fuera facil sacarlo, temia que se enterara de lo que realmente decía. Al cerrar la puerta sentí desfallecer, mis piernas se doblaron y un frío recorrió mi cuerpo, comencé a caminar sin evitar lagrimas de compasión, un cigarrillo me devolvió calor y reflexión. En los siguientes dos meses un par de cartas más en la misma tónica, leídas con palabras 
fantasmas, palabras falsas con buena intención.
Reconozco el atrevimiento de leerles anticipadas para tener una mejor coartada, despues volvia a sellarlas para abrirles delante de su presencia. Una tercera que no provenía directamente de su hijo sino del estado, supuse lo peor, no era la primera que entregaba en los alrededores; una carta anunciando la muerte en decoradas palabras dignas y merecidas para un héroe de la nación.

Hice de tripas corazón para postergar esa muerte un poco más, así que cambie la carta por una escrita desde mi puño simulando la letra de su hijo y poniendo en un sobre común, robe unas estampillas y coloque el sello del correo.
También hice falso mi ánimo y buen humor al llegar a la casa de la señora Evans. Pero mi semblante cambió radicalmente al ver la puerta abierta, siendo recibido por la vecina que solía atenderla; cabizbaja, sollozante y triste.
No era necesario preguntar, la muerte negocio un par; se llevó al hijo combatiente y a una madre desolada y enferma.

Esto es para usted, replicó la vecina mientras me entregaba un sobre, es algo que me dictó la señora Evans en su lecho de muerte, tampoco ya es necesario que entregue las cartas que su hijo envía, guardelas.
Baje las pequeñas escaleras de madera alejándome de la puerta y abrí aquel sobre con las palabras de la señora Evans.

Hijo, mi querido cartero del cual jamas supe su nombre.
Quiero agradecerte infinitamente tantas palabras de amor
y esperanza que dejaste en cada visita.
Tu madre debe sentirse orgullosa de ti, debió educarte con 
tanto amor y paciencia.
Sabes, desde la primer carta supe que no era mi hijo, puesto
que él solía ser diferente, muy insolente y rebelde, digamos.
Por algo se enfiló con los marines, seguramente sus cartas
fueron la búsqueda de aquello que no busco estando aquí, 
sé que el miedo lo hizo presa y no dudo que en ellas me contaba 
sus lamentos y penas, necesitaba un refugio; su madre.
Dios te bendiga y sigue haciendo madres felices, quita las
malas noticias y cambialas como has hecho conmigo.
Con cariño de la señora Evans.

Fui sorprendido por sus palabras que provocaron aun más mi llanto. Me di cuenta que tanto una madre conoce a sus hijos y ni con las más buenas intenciones puede ser engañada.
Continuo mi trabajo por las calles, entregando la correspondencia correcta siempre con un deseo de que sean buenas nuevas y deseando también que pronto termine la guerra para no ser el portador de desagradables desenlaces.
Cada vez que paso por la casa de la señora Evans dejo una flor sobre el buzón como símbolo de mi más sentido aprecio.



Xavier H©

















44 comentarios:

  1. Preciosa historia, realmente preciosa.
    Un saludo.

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  2. Una historia tan bella como triste. Las mentiras piadosas a veces se hacen necesarias si con ellas se evita o alivia el dolor ajeno.
    Un saludo, Xavier, y que tengas suerte con este relato en el concurso del Tintero de Oro.

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    1. Hay veces que el sentido común nos lleva a mentir para no lastimar.
      Gracias y saludos JOSEP

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  3. Hola Xavier, qué bonita historia, llena de esperanza para todas esas personas mayores que escuchan aun sabiendo que no es verdad, y ese cartero que lee para mantener el cariño, el amor de esa madre y su esperanza. Los diálogos dentro de los párrafos se hace diferente la lectura, pero fluye con el agua. Un abrazo y feliz año.

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    1. Dificilmente les engañamos y con sabiduría nos dejan ser.
      También te envío un fuerte abrazo con mis mejores deseos Emerencia.

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  4. Mira Xavier, lo siento, pero no puedo decir más. Trabajo ha costado ver las teclas para poder escribir:
    Precioso, emotivo, tierno.
    Mis mejores deseos para estas fechas y para siempre.

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    1. Ana Palacios agradezco el comentario pero sobre todo el haber leído.
      Muchas gracias por los buenos deseos, un gran abrazo.

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  5. Triste pero hermosa esta historia ubicada en la Segunda Guerra Mundial, un cartero portador de las noticias más tristes. Mucha suerte en el concurso Xavier, y feliz año.

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    1. Difícil trabajo al no ser portador de buenas nuevas en esa época. Gracias Jorge

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  6. Llego hasta aquí gracias a la iniciativa del Tintero de oro y realmente ha sido un placer leer este precioso relato. Me ha encantado.
    Suerte y felices fiestas.

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  7. Qué poco cuesta hacer felices a las personas y cuánto trabajo nos cuesta. Precioso relato. Mucha suerte en el Tintero de Oro.

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  8. Hermoso trabajo Xavier. Me ha encantado la ternura que has sabido pintar en la personalidad de la señora Evans porque me ha llegado a emocionar todavía más que el cartero. A veces me sucede eso con los personajes secundarios. Pero toda la historia vale la pena. Mis felicitaciones y que tengas mucha suerte en el concurso del tintero de David. Un gran saludo.
    Ariel

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  9. Hola, Xavhe.
    Emotiva, muy emotiva historia; triste y esperanzadora a la vez. Las buenas intenciones del personaje-narrador, ese estar de vuelta de todo en la vida de la madre-anciana descubriendo aquellas ya desde el principio sin confesárselo..., todo contribuye a que este relato sea entrañable, lo digo después de secarme un par de lágrimas...
    Te deseo mucha suerte en el concurso y un muy feliz año 2018.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias Patxi por visitar una vez más mi blog. Un Abrazo con buenos deseos para este 2018

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  10. ¿Qué tal Xavier? he llegado aquí gracias al Tintero de Oro.
    Oye Xavier, eso no se hace... provocarme la pena, mira que soy de lágrima fácil.
    Una emotiva carta pese a que el cartero, aunque con la mejor de la intenciones, no tenía derecho a modificar los mensajes, menos mal que la anciana no era tonta.
    Feliz año compañero. Hasta pronto.

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    1. Tara tienes razón, aunque a veces nos dejamos llevar y cometemos esos pecadillos sin mala intención. Gracias, saludos

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  11. Historia muy emotiva y sentida.Si cada cual en su cometido diario pusiese tanto amor como ese cartero, el mundo sería un lugar más habitable, estoy seguro.
    Gracias por compartirla.
    Un abrazo.

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  12. Una historia que habla sobre la amistad, el amor de una madre. ¡Qué generoso el cartero! Imprimes un sello de calidad en éste relato que muy bien podría ser real. ¡Me ha encantado! Encuentro una parábola, "Haz el bien, y no mires a quién". Suerte en el "Concurso del Tintero de Oro" Un abrazo literario.

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    1. La nobleza que existe en el ser humano, deberíamos practicarlo más.
      Gracias

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  13. Muy bonita historia Xavier, llena de emociones y amores desinteresados. Bonito gesto el del cartero leyendo a la madre lo que quiere escuchar pero es difícil engañar a una madre que conoce bien a su hijo.
    Mucha suerte en el concurso.
    Saludos

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    1. Hay veces que otras personas nos mueven las fibras internas provocando a las emociones.
      Gracias Conxita, un abrazo.

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  14. Llego a través del concurso de David. Que bonita, triste y esperanzadora es esta historia. Muy bien escrita y nos haces que los sentimientos afloren a ras de lagrimal. ¡Suerte en el concurso! ¡Feliz Año Nuevo!Un abrazo.

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    1. Gracias María del Carmen, Un relato donde la sensibilidad apareció en toda su expresión.

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  15. ¡Hola Xavier! Has escrito una historia llena de ternura y sensibilidad. Describes muy bien a tu personaje, el cartero que aparte de hacer con todo esmero su trabajo, acaba involucrándose en las noticias que traen las cartas. El final me gusta mucho, las madres conocen muy bien a sus hijos..nunca se las puede engañar. Nos vemos en El Tintero, un abrazo.
    ¡Suerte en el concurso!

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    1. Hola Mirta, Agradezco que hayas leído y externado tu comentario.
      Un abrazo.

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  16. Realmente las madres nos conocen como somos, pero qué maravilla recordarles lo importante que son para nosotros. Felicidades.

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  17. Muy triste y emotiva historia de mentiras piadosas, Xavi, que me hace preguntarme ¿es mejor una felicidad engañosa que una dolorosa verdad? ¡Suerte en el concurso!

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    1. Un dilema en esa pregunta Pilar, tendríamos que estar en una similar situación.
      Gracias

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  18. Ay Xavier!! Qué preciosa historia, cuánto las madres conocen a sus hijos, qué lazo tan fuerte y eterno los une en el tiempo, me encantó leer tu historia.
    Si me permites el comentarios, hay algunas aclaraciones que no hacen falta, puedes dejárselas al lector para que el impacto en la lectura cobre fuerza, como ejemplo menciono la última frase "Cada vez que paso por la casa de la señora Evans dejo una flor sobre el buzón como símbolo de mi más sentido aprecio." creo que con decir que cada vez que pasa deja la flor es más poderoso, el lector ya puede imaginarse porqué es ;)
    Me encantó leerte Amigo!
    Un fuerte abrazo y todo lo mejor para el 2018.

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    1. Muchas gracias Diana por leerme, agradezco también tus observaciones que aportarán mejoría en el desarrollo de mis historias.
      Un abrazo y excelente 2018.

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  19. Hola Xabi.

    Dentro de la dureza de tu relato hay una historia muy bonita. Hablas de compasión, de sensibilidad, de humildad. Me ha gustado.

    Suerte en el concurso.

    Un abrazo.

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  20. Qué buen corazón el del chico cartero, y cuánta sabiduría sobre su hijo la de Sra. Evans. Cada uno de estos dio lo mejor de sí al otro, y eso es lo realmente hermoso de tu desolador relato.
    Mucha suerte en el concurso, Xavier.
    Un beso

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  21. Muchas gracias Chelo por pasar y dejar tu amable comentario.
    Abrazos

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  22. ¡Qué bonita historia, Xavier! Muy triste, pero muy hermosa. A veces una buena mentira es mejor que una mala verdad y él, aunque no fue capaz de engañar a la madre acerca de su hijo, le dio la ternura y el cariño que el hijo nunca supo darle.
    Mucha suerte en el Tintero.
    Un beso.

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  23. Es precioso. Es una historia con mucho fondo. Poco tengo que decir a todo lo que ya te han dicho. ¡Mucha suerte en el concurso!

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  24. Preciosa tu historia!!

    No se que ocurrió pero se que algo paso, no sé pero ya no importa.
    Gracias siempre, besos muchos y hasta pronto!! Cerré perfiles y pronto aquí tb.

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  25. Un relato muy bonito y triste a la vez. Me gusto mucho la sensibilidad de la trama, porque también, incita a la reflexión. Suerte en el concurso!

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