Aún volaban decenas de palomas alrededor de la plaza en busca de comida que la gente les ofrecía.
Pero la magia cayó cuando unas nubes oscuras se apoderaron de lugar; tenebroso panorama, solo esperábamos la lluvia de un momento a otro.
Nada echaría a perder la excursión que con tanto anhelo se había preparado. La lluvia llegó; y no se podía ver bien, solo una estampa difusa, abstracta de la catedral y su plaza. Buscamos refugio bajo las paredes de la iglesia; todos riendo y disfrutando aquel momento único que se convertiría en anécdota.
