Estuve leyendo aquellas viejas cartas
sin dudar que a mi llegaría la añoranza con ese típico aroma que da el tiempo a
las cosas que se guardan por décadas. Me asaltaron los recuerdos en aquellas
líneas leídas que a las mías respondían sobre papel de libreta escolar.
Inevitable servir una copa de tinto, inevitable
poner aquel disco de acetato; las cosas cambiaron, el tiempo transcurrió más no
las emociones ni los sentidos.
Delimitada nuestra cercanía por la
distancia que solo me reconforta una copa de vino con una vieja melodía, himno
de nuestra historia.
Sé que la escuchas también cuando tu
pensamiento me llama obligado a recordar los mismos anécdotas alojados dentro
de nuestro ser como tatuajes perpetuos indelebles.
No sé cuántas veces he repetido la
canción, es como poner leños a la chimenea y mantener vivo el fuego que da
calor; es que cada estrofa tiene tanto sentido, habla tanto de lo que fuimos,
que repetirla mantiene avivado y fresco cada detalle conque vivíamos nuestro
amor.
Ahora comprendo aquello de los amores
imposibles donde se entrega todo, se apuesta el alma sin reservas y al final solo
se resume en lo que la mente guarda de aquella historia.
Una vieja melodía para dos y unas
cartas que huelen a añoranza fueron factor en una tarde de lluvia para escribir
mis memorias sin letras, no esta vez como suele ser.
El recordar a detalle cada momento fue
suficiente para plasmar en la mente aquella época vivida en un amor de
juventud.
Xavier H.©






